“Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”

Por: Robinson Gutiérrez 

A un mes del inicio de cuarentena nacional, son muchas las preguntas que se tejen alrededor de la situación social del país: ¿hasta cuándo durará este encierro? ¿Qué pasará con la economía del país? ¿Serán ciertas las ayudas que el gobierno promete? ¿Cómo y cuándo volveremos a la normalidad? Interrogantes mucho más que obvios, teniendo en cuenta las características propias de la sociedad moderna, la cual no considera como propios, los “principios” actuales de aislamiento social, en un mundo intercomunicado y globalizado, que pese al avance de la tecnología, la ciencia y las herramientas de comunicación pareciese no hacer memoria de situaciones similares ya vividas en el mundo.

Partiendo de lo anterior, resulta pertinente esbozar algunos elementos de la Europa de 1918, finales de la I Guerra Mundial, cuando se propagó una enfermedad viral conocida como “La Gripe Española”, la cual se evidenciaba a través de síntomas como: fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas, vómitos, dificultades para respirar y hemorragias nasales. Lo cual en un principio se asumió como síntomas “normales” de una gripe, pero que con el pasar de los días, cobró la vida de cientos de jóvenes y adultos saludables, quienes  pensaban en  no tener ningún tipo de riesgo, debido a su fortaleza física, por el simple hecho de ser jóvenes.

    

Ante esta situación, la expansión de la enfermedad y la preocupación del gobierno español, se inicia todo un proceso de propaganda para informarle a la población civil de los riesgos y la necesidad del aislamiento social para hacerle frente a un mal, del cual no se tenía establecido ningún protocolo médico[1]. Siendo el país ibérico, una de las pocas naciones que informó sobre la situación, ya que buena parte de los medios de comunicación europeos se encontraba censurados debido a un control estricto a causa de la guerra que se estaba desarrollando. Debido a estas circunstancias recibe el nombre de “Gripe Española”, sin que esta se hubiese generado allí.  Sino que se considera que se desató en  un hospital del ejército británico ubicado en Francia, donde se atendía los heridos de la guerra.

Pandemia, que “gracias” a la ignorancia, la falta de comunicación, la carencia de protocolos médicos cobró la vida de aproximadamente 100 millones de personas, que en su mayoría desconocieron la enfermedad, sus consecuencias y los posibles formas de evitarla debido a las carencias comunicativas de la época. Y que hoy, 102 años después, pareciese repetirse no con el nombre de “Gripe Española” sino con la categoría de Covid-19. Una enfermedad que ya ha cobrado la vida de más de 165 mil personas[2] en el mundo. No por falta de comunicación, sino por infravalorar la problemática.

Ejemplo de lo anterior, fue la actitud inicial de mandatarios como el mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien argumentó estar inmune al Covid-19, gracias a  la presencia de una estampita de la virgen de Guadalupe en su saco, o la preocupación economicista del Presidente. Donald Trump, no por la salud de los norteamericanos, sino por las dinámicas comerciales del país, anteponiendo los negocios sobre  la salud pública. Por último, el comentario de Jair Bolsonaro, quien definió la pandemia como una “gripita” pasajera,  a la cual no se debería prestar tanta atención. Actitud paradójica teniendo en cuenta la población brasilera, calculada en 209 millones habitantes, y siendo esta la primera nación latinoamericana en reportar contagios de Covid-19.

Circunstancias anteriores, que aparte de ser la causa de un pánico colectivo, se deben entender como circunstancias naturales de la presencia del ser humano en el planeta. De ahí, que más allá de asumir lo que está pasando como una tragedia –con todo respeto con los familiares de las víctimas-, es entender la dinámica natural, revisar los fenómenos sociales con espejo retrovisor, para no cometer errores del pasado, recurriendo al  título inicial del texto y acatando las recomendaciones de aislamiento social. Las cuales a inicios del siglo XX, posiblemente no se dieron debido a la carencia comunicativa de la época y que hoy pese a los múltiples canales comunicativos que posee la sociedad dicha cuarentena en muchas casos se vulnera por múltiples factores entre ellos: la necesidad de trabajar, la terquedad de algunos y la irresponsabilidad de otros, que en últimas desembocan en la misma situación, el contagio. Palabra que hoy día, se asume como sinónimo del antecristo.

[1] El gobierno Español recalcó en el uso de mascarillas, la importancia de la higiene personal. Así mismo, suspendió eventos de gran multitud, para evitar el contagio.

[2] Cifras suministradas por la universidad Jhons Hopkins.

Fotos: Internet

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